martes, 6 de septiembre de 2016

EL CUENTO DEL AMOR Y LA LOCURA

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Mario Benedetti
Cuentan que una vez se reunieron en algún lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos.
Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: “¡Vamos a jugar al escondite!”.
La Intriga levantó la ceja intrigada y la Curiosidad, sin poder contenerse, le preguntó: “¿Al escondite?  Y, ¿cómo es eso?”. “Es un juego  —explicó la Locura—  en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, y, cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego”.
El Entusiasmo bailó entusiasmado secundado por la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que terminó convenciendo a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba hacer nada.
Pero no todos querían participar. La Verdad prefirió no esconderse… ¿para qué? si al final siempre la hallaban. Y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en realidad lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido suya).  Y la Cobardía prefirió no arriesgarse.
“Uno, dos tres…”, comenzó a contar la Locura.
La primera en esconderse fue la Pereza. Como siempre tan perezosa se dejó caer tras la primera piedra del camino.  La Fe subió al cielo, y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo que, con su propio esfuerzo, había logrado subir a la copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzó a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos. Que si un lago cristalino para la Belleza; que si una hendida en un árbol, perfecto para la Timidez; que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad;  que si una ráfaga de viento, magnífico para la Libertad;…  Y así terminó por acurrucarse en un rayito de sol.
El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: aireado, cómodo,… pero sólo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, se escondió detrás del arco iris). La Pasión y el Deseo, en el centro de los volcanes.  El Olvido,… se me olvidó dónde se escondió el Olvido, pero eso no es lo más importante.
La Locura contaba ya novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve… Y el Drogamor no había aún encontrado sitio para esconderse entre sus flores.
Un millón contó la Locura y comenzó a buscar.
La primera a la que encontró fue la Pereza,… a sólo tres pasos detrás de unas piedras. Después se escuchó la Fe discutiendo con Dios sobre Teología, y a la Pasión y el Deseo los sintió vibrar en los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y, claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solo salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed, y al acercarse al lago descubrió a la Belleza. Y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse.  
Así fue encontrando a todos. Al Talento entre la hierba fresca, a la Angustia en una oscura cueva, a la Mentira detrás del arco iris (mentira,… en el fondo del mar). Hasta el Olvido,… que ya se había olvidado que estaba jugando a las escondidas.
Pero, sólo el Amor no aparecía por ningún sitio.
La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, y en la cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y pensó: “El Amor, siempre tan cursi, seguro se escondió entre las rosas”.  Y tomando una horquilla comenzó a mover las ramas,… cuando de pronto se escuchó un doloroso grito… Las espinas habían herido los ojos del Amor, y la Locura no sabía qué hacer para disculparse. Lloró, rogó, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.
Desde entonces, desde que por primera vez se jugó en la Tierra al escondite, el Amor es ciego,… y la Locura siempre lo acompaña.


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domingo, 4 de septiembre de 2016

UN JUEGO DE ANGELES


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Así que Issa era un ángel. Desde muy pequeñita estiraba su cuello para asomarse por las ventanas a mirar el cielo, lo que le hacía sostener la cabeza muy derecha. Sus ojos se quedaban largos ratos sobre el techo, lleno de reflejos de luces que hacían movimientos espirales, ondulantes, cónicos. Se quedaba muy quieta con la música del piano que a veces se escuchaba a lo lejos y se entretenía deslizando sus manos por la piel tan suave y blanca de sus pies. Dotada con toda la personalidad de un ángel, Issa conocía desde que nació el intuitivo impulso de quién era ella, pues lo sabía y lo sentía fuertemente en su corazón El único problema de Issa es que sus padres no pertenecían al cielo, ni su casa estaba rodeada de las ternuras y belleza que sus ojos buscaban, ni encontraba miradas apacibles ni amables atenciones. 

Issa llego al mundo dentro de un hogar austero y descuidado, con una madre tan fría y distante como la estrella polar, quien la cargaba con impaciencia y desespero y le hablaba con una voz ruidosa. Muy a menudo era arrullada por las riñas y el televisor y se quedaba dormida entre los suspiros de un llanto no atendido. Conforme la pequeña crecía, eso la ponía muy triste, casi no hablaba y era tímida, solitaria y cabizbaja, pues observaba que su alrededor no coincidía con su sentimiento extraordinariamente virtuoso. 


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De esta forma Issa se hizo demasiado reservada y no tenía amigas porque sentía que ninguna niña podía serlo pues todas eran raras, envidiosas y hablaban de cosas muy aburridas por lo que prefería ponerse a dibujar rizos, líneas, alas, todos sus trazos en tonos azules, del mismo color que se vestía muy a menudo. Crecía y hubo el tiempo en que intentó complacer a los demás olvidándose de lo que sentía, pero la indiferencia y la ingratitud la llevaron a evitar la compañía de los adultos, con intereses extraños que ella no comprendía, no se daban de más, se guardaban sus poesías y su arte en la caja hermética de sus indecisiones, dudas y miedos. 

Y mientras Issa vivía confundida, no sabía qué hacer en ese mundo, intentando asumir la actitud genuina de los ángeles dentro de un lugar burdo, frío y muy cuidado de la imagen y de la apariencia. 

Issa comenzaba a volverse una mujer amarga, iracunda y caprichosa, pues había caído en el juego del ego, hasta que un día, como a todos llega, llegó una oportunidad a Issa, y una fría mañana cerca de la naturaleza, en el bosque, alguien le habló: “Ya se te olvidó, ¿verdad?”, le dijo aquella voz con autoridad y dulzura. 

Issa reconoció aquella voz, aunque no recordaba haberla escuchado antes. Sintió nostalgia al escucharla y vio en ese momento su propia vida, asumiendo en un instante la fuerte responsabilidad por la forma en que se sentía: un angel sin cielo. 

Así pues, ¿qué “demonios”estaba haciendo ahí, donde no correspondía? Recordó esa mañana de invierno todo el coraje y la tristeza que sentía y una suave inspiración toco su corazón. De pronto, aquel murmullo (de un ángel o de ella misma, no se sabe) le hizo notar con una implacable corazonada que quizá no era necesario tener el cielo para ser un ángel, que lo que sentía era lo que tenía que entintar enla Tierra y no dejarse entintar por los juegos tramposos de la Tierra. 

Issa entonces intentó crearse su propio cielo y comenzó a tratar a las personas como si fuesen ángeles. Era difícil, muy difícil al principio ver en las personas su lado generoso y no el que ellas mostraban. Se esforzaba por creer en la gente y por no desconfiar como todos le decían, por decir lo que sentía, aunque fuera algo raro, incongruente o hasta tonto: 

hablaba de la muerte como si hablara de la vida y del dolor como el nacimiento de algo hermoso. El miedo, la ira y la enfermedad sólo eran recordatorios de que ella olvidaba lo que era y le servían para poner más empeño en ver el amor en el odio, en fortalecer su miedo con fe, en ver a los pájaros de colores alegres que vuelan debajo del trapo oscuro con el que se tapan las jaulas. Cuando se desesperaba por no lograr lo que deseaba, al instante se acordaba que estaba en la Tierra y que había que entender el tiempo de otra forma, había que poner más atención en las etapas de la naturaleza y los importantes ciclos de la destrucción y la regeneración que preparan los frutos como dulce gratificación al proceso creativo. Ella aprendió a amar y admirar a todos los seres, aun aunque éstos fuesen impacientes, soberbios o tiranos, pues ella prefería ver lo que se escondía debajo de aquellos “egos alterados”. De esta manera, con observación, paciencia y entendimiento fue co-creando no a partir de la imagen sino a partir de lo que era, las oportunidades fueron cayendo “como del cielo”, amaba los trabajos que tenía como algo sagrado y solía sentir un profundo respeto por los espiritus naturales, o devas, quienes de una forma invisible sirven organizando y coordinando a cada organismo. La voz que le continuo hablando que era como el aire que le sacudía el polvo del miedo que contaminaba el ambiente no supo que o quien era, pero era como una sinfonía hermosa y recreativa.


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Gracias al ingenio que ella utilizó para aprovechar los talentos creadores de su condición humana y poner a favor todo el inmenso poderío de su intuición y acción, había logrado sintonizar lo que era creando a partir de lo que sentía profundamente, aprendió a reírse de los trucos de los humanos y Todo era un juego de ángeles.
Por Arual Joshua

EL CABALLO EN EL POZO

Un campesino, que luchaba con muchas dificultades, poseía algunos caballos para que lo ayudasen en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo la noticia de que uno de los caballos había caído en un viejo pozo abandonado. El pozo era muy profundo y sería extremadamente difícil sacar el caballo de allí.
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El campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente, y evaluó la situación, asegurándose que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el alto precio para sacarlo del fondo del pozo, creyó que no valía la pena invertir en la operación de rescate. Tomó entonces la difícil decisión de decirle al capataz que sacrificase el animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo, allí mismo.
Y así se hizo. Comenzaron a lanzar tierra dentro del pozo de forma de cubrir al caballo. Pero, a medida que la tierra caía en el animal este la sacudía y se iba acumulando en el fondo, posibilitando al caballo para ir subiendo. Los hombres se dieron cuenta que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba subiendo hasta que finalmente consiguió salir.
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Si estás “allá abajo”, sintiéndote poco valorado, y otros lanzan tierra sobre ti, recuerda el caballo de esta historia. Sacude la tierra y sube sobre ella.

EL ELEFANTE DEL CIRCO


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Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de tajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

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El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía cinco o seis años, pregunté a algún maestro, a mi padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: “El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño”. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvía a probar, y también al otro y al que seguía… hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que no puede. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquélla impotencia que se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás… Jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez… Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas “no podemos hacer” simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo “no puedo… no puedo y nunca podré”, perdiendo una de las mayores bendiciones con que puede contar un ser humano: la fe.

jueves, 1 de septiembre de 2016

LA MARIPOSA AZUL

Había un viudo que vivía con sus dos hijas curiosas e inteligentes. Las niñas siempre hacían muchas preguntas. A algunas de ellas, él sabía responder, a otras no...
Como pretendía ofrecerles la mejor educación, mandó las niñas de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina.
El sabio siempre respondía a todas las preguntas sin ni siquiera dudar.
Impacientes con el sabio, las niñas decidieron inventar una pregunta que él no sabría responder.
Entonces, una de ellas apareció con una linda mariposa azul que usaría para engañar al sabio.
-¿Qué vas a hacer?-preguntó la hermana.
-Voy a esconder la mariposa en mis manos y preguntarle al sabio si está viva o muerta-
-Si él dijese que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la aplastaré.
Y así, cualquiera que sea su respuesta, ¡será una respuesta equivocada!-
Las dos niñas fueron entonces al encuentro del sabio, que estaba meditando.
- Tengo aquí una mariposa azul. Dígame, sabio, ¿está viva o muerta?-
Muy calmadamente el sabio sonrió y respondió:
-Depende de ti... Ella está en tus manos.


Así es nuestra vida, nuestro presente y nuestro futuro. No debemos culpar a nadie cuando algo falle; somos nosotros los únicos responsables por nuestros errores y malas decisiones.
"Como ocurre con la mariposa azul, nosotros podemos elegir entre la Vida y la Muerte"
Tú decides. . .

Jesús Miravalles Gil
     
 

“Todos tenemos grietas”

Cuento tradicional de la india

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Un hombre cargador de agua de India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba todo el agua al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón; en cambio cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.
Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección, y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le hablo al aguatero:
-“Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.”
El aguatero le dijo compasivamente:
-“Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino”. Así lo hizo la tinaja. Y en efecto, vio muchísimas flores a lo largo del trayecto. Sin embargo se sintió apenada porque solo quedaba dentro suyo, la mitad del agua que debía llevar.
El aguatero le dijo entonces:
-“¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a lo largo camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener hermosos resultados.

La tristeza y la furia

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En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.
Había una vez… un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente… Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua… Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró… Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza… Y así vestida de tristeza, la furia se fue. Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad…, está escondida la tristeza.


Jorge Bucay